Segovia es una ciudad castellano leonesa con alrededor de 55.000 habitantes, por lo que está catalogada como pequeña. Situada en la confluencia de los ríos Eresma y Clamores, al pie de la sierra de Guadarrama, es ciudad Patrimonio de la Humanidad (UNESCO) desde 1995.
Exactamente la categoría de Patrimonio de la Humanidad engloba a la ciudad vieja (casco histórico, la Catedral, el Alcázar) y al acueducto romano.
Datado a principios del siglo II d.C., en época del emperador Trajano, es sin duda el emblema de la ciudad. Conduce las aguas del manantial de la Fuenfría, situado en la sierra cercana a 17 kilómetros de Segovia. Recorre más de 15 kilómetros antes de llegar a la ciudad.

En la parte más elevada mide 28 metros y tiene cerca de 6 metros de cimientos. En total está compuesto por 166 arcos. Desde su llegada a la ciudad hasta la plaza de Díaz Sanz hay 75 arcos sencillos y a continuación 44 arcadas de orden doble, es decir 88 arcos, siguiendo después otros cuatro arcos sencillos.

Está construido con sillares de granito asentados sin argamasa entre ellos. En la parte más alta pueden verse dos nichos, uno a cada lado del acueducto.

Ha estado en activo a través de los siglos y quizás por eso se mantiene actualmente en perfecto estado. Hasta casi nuestros días proveía de agua a la ciudad de Segovia, y más concretamente a su Alcázar. En los últimos años ha sufrido un patente deterioro causado principalmente por la contaminación medioambiental y a los propios procesos de erosión del granito. Paradójicamente, las vibraciones originadas por el tráfico no le afectan debido a su gran masa e inercia, hecho comprobado gracias a las recientes auscultaciones.

No quiero terminar la entrada sin hacer una referencia al Alcázar, un edificio articulado en dos áreas: la exterior, con un patio herreriano, foso, puente levadizo y la torre del homenaje; y las dependencias interiores, que incluyen una capilla y varias salas nobles (sala del Trono, de la Galera, de las Piñas, de los Reyes y otras) que pueden visitarse hoy en día.