Altea es una de esas joyas a las que no te cansas de volver, al menos yo no lo hago. Desde que la descubrí hace 10 años, siempre que puedo vuelvo, y ahora que la tengo al lado con más motivo 🙂

Es un municipio de la provincia de Alicante que tiene aproximadamente 22 mil habitantes, pero que en verano aumenta considerablemente su población.

Altea es, en mi opinión, uno de los pueblos más bonitos de España, junto a otros como Pedraza (Segovia), Morella (Castellón) o Cadaqués (Girona).

Altea desprende encanto por todas las esquinas, pues ha sabido mantener a la perfección su imagen de pueblo mediterráneo con un casco histórico muy cuidado y sus características casas blancas.

 

Mi última visita a Altea

La última vez que fui a Altea fue hace unos días, cuando hice esas fotos. Era domingo por la tarde-noche, por lo que prácticamente estaba vacío y pudimos disfrutar, aún más, de su particular encanto.

El pueblo está dividido en dos partes, además de sus urbanizaciones: el casco antiguo, en la parte más alta, y el paseo marítimo en la parte baja.

En otras ocasiones habíamos visitado ambas zonas, pero esta vez estuvimos dando una vuelta por el casco, pues en invierno es increíble disfrutar de su belleza, soledad y tranquilidad (en verano la cosa cambia).

 

Qué ver en Altea

En esta ocasión me quiero centrar en el casco (prometo enseñar el paseo marítimo y la playa de Altea en otro post).

La parte más chula del casco es su plaza, situada en la zona más alta, y las calles adyacentes.

La plaza está enmarcada por la iglesia de Nuestra Señora del Consuelo, de la que destacan sus dos cúpulas de color azul oscuro.

Todo el entorno destaca por sus características casas bajas pintadas de color blanco, que le dan al casco de Altea un encanto propio que no es fácil de encontrar.

Además, en Altea puedes encontrar numerosos locales destinados al ocio. Cuenta con una gran variedad de restaurantes, cafeterías, teterías y una gran selección de tiendas que están repartidas por todo el casco.

 

Recomendaciones para visitar Altea

Aquí van mis propias recomendaciones:

Si queréis gozar del esplendor de Altea, os recomiendo visitarla en verano, cuando todas las tiendas, pubs y restaurantes están abiertos y a pleno rendimiento.

Por contra, si prefieres disfrutar de su tranquilidad y calma, te recomiendo ir en invierno, como he hecho yo en esta ocasión.

Si optas por acudir en verano, te recomiendo cenar en alguno de los restaurantes que están en la plaza y disponen de terraza panorámica ¡las vistas son realmente espectaculares y la experiencia merece muchísimo la pena!

Hasta aquí mi última visita a Altea. Espero enseñaros esta joya con la luz del día en otro post, pues fue una visita improvisada, que son, al fin y al cabo, las que más molan 😀

PD: Os dejo un par de fotos mías. Perdón por mi cara en la segunda. El pueblo estaba vacío, pero intenté hacer la foto varias veces y repentinamente aparecía gente por detrás que me la estropeaba cada vez que me ponía delante de la cámara xD

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