Praga, la urbe de las cien torres

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Praga, la urbe de las cien torres

Según el escritor e historiador checo Cosmas de Praga (1045-1125), el nombre de la capital de la República Checa procede de la palabra práh, umbral. Tal y como narra en su obra Crónica Bohemorum, la princesa checa Libuše (siglo VIII o IX) tuvo una visión sobre un glorioso futuro para una ciudad fundada allá donde un hombre labrara un umbral. En ese lugar, se asentaron sus súbditos. Otros investigadores, en cambio, consideran que Praga procede de prga, harina tostada, o de prahy, rápidos. Harina tostada haría referencia a la aridez del terreno y rápidos a los propios del río Moldava, que divide a la ciudad en dos. En la orilla izquierda, se encuentra la Ciudad Pequeña  y, en la derecha, la Ciudad Vieja y la Nueva. En la actualidad, Praga cuenta con un millón doscientos mil habitantes y se extiende a lo largo de 496Km2. Además, cada año la visitan más de cuatro millones de turistas. Continúa leyendo este artículo y sabrás el porqué.

Praga, la urbe de las cien torres

La Ciudad Pequeña surge en torno al Castillo de Praga, construido en el siglo IX y principal reclamo turístico de la zona junto al Monasterio de Strahov y la Iglesia de San Nicolás. Al igual que ocurre en Budapest, el castillo praguense está formado por numerosos edificios y ha sufrido varias transformaciones a lo largo de su historia. De todas esas construcciones, destacan el Callejón del Oro y la Catedral de San Vito.  En las pequeñas casas de los guardianes del castillo, edificadas durante el siglo XVI y pegadas a la parte interior de las muralla de la fortaleza, se encuentra el origen del Callejón del Oro. Tomó el nombre del gremio de los orfébres, quienes se instalaron en las viviendas un siglo más tarde. Actualmente, están ocupadas por pequeñas tiendas de libros y souvenirs. Como curiosidad, el escritor checo Frank Kafka residió en el callejón a principios del siglo XX.

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Toda la Ciudad Pequeña tiene un carácter eminentemente barroco a excepción de la Catedral de San Vito (1344-1420), obra maestra del gótico de Praga. Cuenta con tres torres: dos gemelas en la fachada frontal y otra, la principal, en el lateral derecho. Esta última mide noventa y nueve metros de altura, diecinueve más que las gemelas, lo que la convierte en la cuarta construcción más alta de toda la ciudad. Además, está coronada con una cúpula de estilo renacentista. En la base de la torre principal, se encuentra la Puerta Dorada. El nombre hace referencia a su mayor atractivo, los mosaicos dorados sobre fondo rojo que la adornan y, que representan el Juicio Final.

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Dentro de la catedral, se halla la tumba de San Juan Nepomucemo, patrón de Bohemia, una de las tres regiones de la República Checa. Juan Nepomucemo (1340-1393) era el confesor de Sofía de Baviera, la mujer del rey Wenceslao IV. Murió al ser arrojado al río, por orden del monarca, tras negarse a violar el secreto de confesión. Sin embargo, el mayor atractivo del interior de la catedral es la, también gótica, capilla de San Wenceslao (otro diferente al rey).

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Sobre los otros dos edificios de interés de la Ciudad Pequeña, el Monasterio de Strahov y la Iglesia de San Nicolás, merece especial atención la iglesia, el mayor exponente del barroco praguense. Mandada construir por los jesuitas en 1673, lo verdaderamente interesante se esconde en su interior, sobre todo en los frescos de San Nicolás y la Santísima Trinidad de la cúpula.

Como en cualquier ciudad construida en las márgenes de un río, las dos orillas de Praga están conectadas por numerosos puentes. De ellos, sin lugar a dudas, el más importante y famoso es el Puente de Carlos que, además, comunica la Ciudad Pequeña con la Vieja y la Nueva. Finalizado a principios del siglo XIV, debe su nombre al monarca Carlos IV.

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A lo largo de sus quinientos metros de longitud, se encuentra flanqueado por treinta estatuas barrocas de santos, como la de Juan Nepomucemo. En el lado de la Ciudad Pequeña, el puente arranca con dos torres y, con una en el otro extremo. Esta última, la Torre de la Ciudad Vieja, está considerada la más hermosa de todas las que hay en la ciudad. Mide cuarenta y tres metros de altura y sus góticos muros están decorados con los escudos que formaban el reino checo durante el reinado de Carlos IV, ya que pertenece a la misma época que el puente.

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En la Ciudad Vieja, se encuentran los monumentos más reconocibles de Praga: Plaza de la Ciudad Vieja, la Torre de la Pólvora, la Casa Municipal, el Barrio Judío y la Calle París. De entre todos los edificios de la Plaza de la Ciudad Vieja, sobresalen la Iglesia de Nuestra Señora enfrente del Tyn y el ayuntamiento. La iglesia, de estilo gótico tardío, fue construida sobre otra románica y, para acceder a ella es necesario atravesar los edificios que ocultan su entrada puerta de la plaza. Las dos torres alcanzan una altura de ochenta metros. Once menos tiene la del ayuntamiento, también gótica.  En su lateral izquierdo se encuentra el reloj medieval más antiguo del mundo, el Reloj Astronómico de Praga. Está formado por el calendario de Josef Mánes (la esfera inferior), el reloj astronómico (esfera superior) y las figuras animadas, que desfilan cada hora.

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A la derecha de la Iglesia de Nuestra Señora enfrente del Tyn, discurre una calle por la que se llega a la Torre de la Pólvora y a la Casa Municipal. En un principio (1475), esta torre gótica fue una de las puertas de entrada a la ciudad pero, desde el siglo XVII, se utilizó para almacenar pólvora, de ahí su nombre. A su lado, unida por un puente cubierto, se ubica la Casa Municipal. Se trata de una construcción modernista en el exterior, decorada según el primer art-decó en su interior. En 1918, la independencia de Checoslovaquia fue proclama en este lugar.

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Para llegar al barrio judío o Josefov y a la Calle París, hay que retroceder y volver a la Plaza de la Ciudad Vieja. Una vez allí, del extremo izquierdo parte la Calle París, una lujosa arteria de menos de quinientos metros que atraviesa el barrio judío. A finales del siglo XI, todos los judíos residentes en Praga fueron obligados a vivir en una única zona y, así, nació el barrio judío. En 1850, se le dio el nombre de Josefov en honor al emperador José II, promotor de la integración de los judíos en la ciudad.

Durante los últimos años del siglo XIX, la mayor parte de los edificios fueron demolidos y, en su lugar, se levantaron fastuosos edificios de viviendas. Por tanto, a excepción de seis sinagogas, entre ellas, la gótica Vieja-Nueva y la de Maisel, el cementerio y el Museo Judío de Praga (antiguo ayuntamiento), poco queda de la original apariencia del barrio judío de Praga. Es importante destacar que Kafka nació en Josefov.

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Por último, la Ciudad Nueva se caracteriza por grandes avenidas y bulevares plagados de majestuosos edificios (muchos de ellos modernistas). De ellos, el más importante es el histórico bulevar llamado Plaza de Wenceslao.  El lugar se hizo mundialmente famoso en 1989, cuando numerosas manifestaciones antigubernamentales iniciaron la Revolución de Terciopelo, que desencadenó la caída del régimen comunista.

Praga, la urbe de las cien torres

En la parte alta del bulevar, se encuentran el Museo Nacional de Praga y una placa en forma de cruz en recuerdo de Jan Palach y Jan Zajík, dos estudiantes checos que se suicidaron allí. Los dos se prendieron fuego en protesta por la invasión soviética del 20 de agosto de 1968 que echó por tierra la Primavera de Praga (enero-agosto de 1968).

En la Ciudad Nueva, llaman la atención la Torre Jindřišská y la Casa Danzante. La primera es otra torre gótica finalizada en 1475 y de una altura de casi sesenta y ocho metros. La segunda, se trata de uno de los ejemplos más reconocibles de la arquitectura deconstructivista y, también, es conocida como Fred & Ginger, ya que sus dos bloques recuerdan a la famosa pareja de bailarines formada por Fred Astaire y Ginger Rogers.

Llegados a este punto, quedan claras dos cosas, por qué Praga es visitada por tantas personas cada año y por qué se la conoce por la ciudad de las cien torres.

¿Cuántas has contado? Yo ya he perdido la cuenta 😉

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